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“Toreros y escritores” , por Suso de Toro Julio 11, 2007

Archivado en: General — javierhf @ 9:49 am

«El curso de los días nos atonta y nos lleva como troncos por el río. Cuesta recordar que se trata de navegar. Olvidamos de qué puerto hemos salido y cuál era el viaje.

Cuando se olvida el origen queda el eco. Lo que fue sagrado se hace mundano, lo que fue rito acaba en bandera faccional. Eso pasa con la tauromaquia en España.

[...]creo que son algo valioso (las corridas de toros), son precisamente el resto de un rito sagrado, un rito que nos recuerda lo que es existir, actualiza el valor de la vida. La vida es trascendente porque está siempre acechada por la muerte. En estos momentos nuestra civilización pretende que vivamos sin pasado, en un elástico presente continuo, que se extiende, que se extiende. En un mundo aséptico y a salvo de la muerte, o sea, de la vida. Y la muerte, justo lo que queremos olvidar, es lo que nos recuerda la tauromaquia. Aunuqe también comprendo las objecciones absolutas que hace quien señala la tortura del animal, porque eso es también la corrida. La descripción que se haga de ese cuerpo drogado, limadas las astas, humillado, asustado y provocado, aguijoneado, traspasado, es toda ella verdadera…Uno no puede evitar compartir ese sentimiento de repugnancia y de ponerse instintivamente de parte del toro, preguntándose si realmente es necesario ese sacrificio…Pero uno también recuerda… que vivimos matando y que para comer bistés hay que asesinar a un animal, por mucho que nos repugne…De eso se trata también comer carne, aunque finjamos inocencia.

[...]Pero realmente ofende saber que el público que asiste…lo haga por chovinismo nacionalista, por narcicismo de la pandereta[...]Todo el respeto que sentimos ante el torero y el toro, el torero sólo ante y con el toro, es desprecio para las intenciones y devociones de los patrioteros cofrades de la “fiesta nacional”.

[...]Los escritores no nos jugamos la vida…

 

cuando escribimos, es un error.

[...]Debiéramos escribir jugándonos la vida, escribir a vida o muerte, corriendo riesgo de perecer. Como los toreros. Sólo así recordaríamos siempre el sentido de escribir, conservaríamos el rescoldo del origen, la necesidad de ponerse en peligro. Incluso el besar las estampas y el persignarse antes de escribir, antes de la hora de la verdad. Pero no lo hacemos, no tenemos fuerza para estar solos.

[...]No queremos ser sacerdotes; tampoco sabemos ser héroes y nos conformamos con ser escritores. No está mal, es un oficio con su dignidad y su ética si se la acepta. Pero temiendo atrevernos a andar el camino solitario y escribiendo meramente para el “público” corremos el peligro de ir detrás de los demás. El peligro de, en vez de ganar y dar conocimiento, repetir lo establecido, y de, en vez de decir lo indecible, decir lo que se espera que digamos. El peligro de ser anunciadores del presente existente, de no trascenderlo, es que seamos inútiles, no tendremos nada verdadero y con peso que aportar a la realidad social.

Escribir se escribe como se vive, uno solo. Y esa soledad es el suelo del escritor, su patria, eso debiera hacer que cualquier escritor supiese que, de un modo solitario, comparte patria con cualquier otro. Con cualquier ser humano en realidad. Su menester es siempre el mismo, decir la vida con argumentos y palabras, cuestionar el vivir trivial y enseñarnos la trascendencia oculta en nuestros días. O su ausencia.

También distraernos, descendernos, elevarnos, asustarnos, emocionarnos, arrancarnos de la cárcel del presente y dislocarnos. Para ello el escritor usa de algo que no es suyo, el lenguaje, las palabras que son de mucha gente. Son de los que las han hablado, de los que las hablan y de los que las hablarán. Porque el lenguaje, esa idea, existe en la realidad encarnada en lenguas.»

Extracto de un artículo de la sección “Opinión” de EL País (sábado 7 de julio de 2007), escrito por Suso de Toro (escritor)

 

 

 

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